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Sobre Nosotras


¿Qué es ser una Mantis?

La mantis es una bestia invertebrada cuya mala e injusta fama la precede. Todo porque puede, alguna vez, devorar al macho durante el apareamiento. La maledicencia olvida, sin embargo, que esta criatura es poderosa, no porque mate, sino porque lleva el oído en el corazón. En esa caverna ella metaboliza la experiencia, la descompone, y así, entre diástole y sístole, nos devuelve la vibración siempre única de una verdad.

Sí, nuestra Mantis devora con amor al lector y le ofrece a cambio una revelación. Escucha los latidos del mundo tóxico y dolorido, los modula en su tórax e inventa con ellos relatos que muerden y sangran, que abrazan y perdonan. Es fiel a la más noble vocación del editor: el descubrimiento. Y sin necesidad de hacer sombra o de protegerse en ella, sostenida en su magnífica y delicada estructura, sigue con curiosidad a sus compañeras de ruta en este camino escogido, el de crear.

¿Qué es, pues, ser una Mantis? Escribir como si se rezara al infinito universo. Narrar con el cuerpo. Masticar el texto, depredarlo, amarlo.


Mantis Dream Team

Giovanna Rivero

La muerte es una interrupción. Lo aprendí de mi abuela paterna, que solía usar ese tipo de frases cuando la fatalidad hacía añicos algún plan: una boda, una juventud prometedora, una maternidad amorosa. “Pobre, lo perturbó la muerte”, “se distrajo un segundo y al siguiente ya había muerto”, “todavía debe estar confundida, morirse tan joven”… Sí, ese tipo de frases que tendían un puente y construían una continuidad fascinante entre ambas orillas del tiempo. Lo menciono en esta presentación de mí misma porque creo que ahí reside mi semilla literaria: tratar de domar el mundo desde la ficción. Tratar, incluso, de dominar la muerte desde la ficción.

Nací en Montero, Bolivia, el año 1972. Montero es una ciudad que una vez fue un pueblo profanado por el narcotráfico y el neoliberalismo. Escribí una novela sobre esto –98 segundos sin sombra– y aunque teclearla llevó poco más de un año, estuve escribiéndola en el lugar más oscuro del corazón desde los años ochenta.

En mi narrativa hay niñas, púberes, ese tipo de criaturas a punto de cruzar una frontera existencial. Supongo que tiene que ver con los niños terribles de los Hermanos Grimm que me acompañaron en mi propia infancia. En Niñas y detectives (2009) y Para comerte mejor (2015, 2016, 2018) quise extender esa patria gótica y amorosa, ese lugar de transformación e iniciaciones.

Me gustaría decir que escribo muy temprano por la mañana o cuando todos ya duermen, pero no es cierto. Escribo cuando puedo, como puedo, defendiendo mi escritura, con el cuerpo adolorido, de esa máquina hambrienta que es el capitalismo en su forma más perversa: la autoexplotación. Escribo, pues, para salvar mi alma. 


Magela Baudoin

Vivo en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en donde he escrito tres libros: “Mujeres de costado”, un libro de entrevistas que es un griterío, un desparramo de voces que me encantan; “El sonido de la H”, Premio Nacional de Novela 2014 y “La composición de la sal”, Premio Hispanoamericano de Cuento Gabriel García Márquez (2015), que se ha publicado en 10 países y traducido al inglés, al portugués y al árabe.

Pero los premios no son más que lo que son. Quizás sea más interesante contar que escribo todos los días (o casi), rodeada de árboles de mango y que cuando hay viento, como ahora, se mecen en una poderosa tormenta, que es magnífica para leer y me hace pensar en que he dejado el ajayu —algo así como el espíritu en aymara—  en cada libro. Y que lo he vuelto a recomponer en la invención de una nueva mentira. Tal vez la escritura sea eso, en última instancia: una manera de vencer cada día. Nada más.


Mariana Ríos

Dice Levrero que la memoria y la imaginación son muy parecidas y yo creo que, si empiezo a contar, lo más probable es que haya imaginado todos estos años de mi vida.

Nací en 1991, en Cochabamba, Bolivia. Hace poco tiempo terminé una maestría en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada que me permitió viajar hasta otras fronteras y recorrer los mundos de la memoria y la imaginación. A todos esos viajes voy también con mi cámara, una vieja máquina que registra conmigo los lugares y no lugares de las nuevas ciudades y de los antiguos pueblos, de la gente que está y que ya no está, pero que vibra fugazmente conmigo.

Escribo todos los días. Actualmente, escribo reseñas para un Cineclubcito que deambula como yo por estos parajes del mundo y algunas historias que aún buscan, conmigo, alguna forma imperfecta para renacer.