La reina Turiro

Por Virginia Ayllón


Turiro me llaman por aquí e igual de hermoso es mi nombre, Termeszek, en magyar; Nselele en congolés y Kupi’i en guaraní. Global soy. En estas tierras hablan mucho de los ancestros y los míos se remontan al jurásico, ancestral como la más soy. De muchas migraciones provenimos y nos asentamos esta tierra, donde hablan el bésiro, un idioma que parece un susurro, especialmente en la boca de la hermosa adolescente Ignacia Charupá, quien a diario pasa cantando por mis dominios, cuando va a traer agua.  Hemos visto la desaparición de etnias y pueblos nómadas, el “enganche”, la evangelización, la esclavitud, y nos vinimos aquí, siguiendo a los chiquitanos que se refugiaron en la ex reducción de Concepción, hermosa zona hoy llamada Lomerío, donde han fundado una comunidad independiente, como mi colonia. Estamos en la comunidad Surusubí, poblada de árboles como el azucaró, el carapapé, el quitachiyú, el sucupiru y el majestuoso copaibo, cuya sombra agradecemos. En Espíritu, cerca de aquí, hay islas de bosques creadas por nuestras hermanas. Forestales somos. Hemos cumplido con este lugar, las colonias de mis hermanas han ayudado en la formación de las alturas en la sabana del Beni y en el Gran Pantanal.

En mi colonia, gran colonia, viven dos millones de mis súbditos.  Es un hermoso montículo en forma de catedral con tres altas torres, que se alza a seis metros de la tierra. Hace unos meses, un jaguar se posó en una de las torres para avizorar mejor a su presa. Fuerte es mi termitero. Orientada al norte para garantizar la frescura y el libre intercambio entre el dióxido de carbono y el oxígeno, ha sido construida por mis fieles obreros removiendo grandes cantidades de tierra. Ellos la cuidan y mantienen, nos traen alimento, nos acicalan. Amorosos son mis obreros, como fuertes mis soldados, de cabeza ancha y rostro puntiagudo, con potentes mandíbulas para morder, o prestos a lanzar su tóxica secreción contra quien ose invadir mi amada colonia.  ¡Oh! Lugar del amor es mi colonia, único sitio seguro para la cópula y para mi vida eterna junto al amado.

Mis súbditos son ciegos, yo tengo grandes ojos y hoy, en la incursión a la cima de mi colonia, he visto los tropeles de pecaréis, tapires y yagarundíes, escapando de algo, en medio de los gritos de los jotes y guacamayos; he visto asustadas yararás, queriendo sobrepasar su limitada movilidad; he visto el fuego. Reina como soy, me dedico a mi oficio, poner huevos, de manera urgente. Hemos sobrevivido al jurásico y al triásico, algunos de mis huevos sobrevivirán, lo juro.